La puesta en marcha de este tipo de plataformas a través de una aplicación para móviles ha puesto en pie de guerra al sector del taxi, que no ve un caso de consumo colaborativo, sino una práctica de economía no regulada.
Según Competencia, se estima que esta modalidad de consumo colaborativo movió en 2013 cerca de 3.500 millones de dólares a nivel global, lo que supuso un incremento del 25% con respecto al año anterior y donde no se declararon todas las ganancias a la Administración Pública.
Una de las quejas del colectivo es que si la empresa al final admite que ofrece transporte de pasajeros, tendrá que ajustarse a la normativa, es decir, tener licencia y pagar impuestos. Si no es así, deberá detallar que actividad realiza o ofrece para que entonces se pueda considerar legal.
Cabe resaltar que los chóferes que utilizan los servicios no regulados para mover a los usuarios de la aplicación son chóferes sin una licencia oficial.Todo al contrario que los taxistas que disponen de licencias oficiales y han de pagar los impuestos según sus ganancias a la Administración.
En ningún caso estamos en contra del uso intensivo de la tecnología para mejorar la experiencia del usuario y la rentabilidad de las empresas pero queremos un mercado en el que se pueda competir en igualdad de condiciones, si a un taxista la licencia puede costarle más de 100.000€ no es descabellado pensar que no es lógico que cualquiera que tenga un coche pueda dedicarse a esta profesión.
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